☁ Bitácora N° 04 ☁ Al final del túnel hay una luz ☁

El anterior bimestre nos dedicábamos a vender panchos; sin embargo, ocurrió un problema que involucró a todo nuestro grado, un cliente se había intoxicado por uno de los productos que se vendían durante. Me acuerdo que me había sentido mal aquel lunes después de una venta el domingo, habíamos compartido los últimos panchos, lo cual me hizo mal ya que vomité antes de ir al colegio, probablemente por nuestros productos. Debido a ello creo que la culpa fue de nuestro salón, pero prefiero creer lo contrario, aún nadie sabe con claridad que salón fue el responsable, por lo tanto no me alarmo.

Una vez que se nos prohibió a todo el grado (inclusive 5° de Secundaria) realizar ventas de productos, algunos tuvieron que recurrir a otras actividades que les ayudasen a generar dinero, nuestro salón ya tenía dinero suficiente para realizar todas las actividades restantes en todo el año. Uno de los primeros objetivos que propusimos al principio respecto al proyecto, fue cubrir de pasto todo el patio donde los canes salían, el único problema fue que la inversión era muy grande, pero hasta ese punto del año fue viable. Primero iniciamos la búsqueda del mejor precio en tiendas pero era muy caro, así que encontramos ofertas en internet que incluían que lo pongan, no accedimos a ello ya que nosotros queríamos realizarlo y esforzarnos por ello, teníamos que sentir lo que era realizar ese trabajo, sino no tendría sentido alguno.

Fue así como un sábado 22 de octubre, alrededor de 15-20 personas fuimos a la asociación Patitas con 3 ex-estudiantes de apoyo y nuestro profesor a realizar los trabajos que se habían planificado. El camino me preocupó, el conductor nos llevó por otro lado y terminamos llegando más tarde de lo planeado, pensé que tardaríamos más de lo acordado debido a ello, pero al final no fue así. Fue duro, lo admito, considero que he estado encerrada en mi burbuja por mucho tiempo y no suelo realizar ese tipo de actividades en mi vida diaria, por lo tanto mi cansancio por tan solo agacharme era muy evidente, meses antes me podía desmayar por actividades tan sencillas como esa, pero por alguna razón no ocurrió mientras realizaba mi trabajo, así que seguí. Agarrar la pala era otro desafío, yo nunca había agarrado una y no tenía ni la más remota idea de cómo usarla, pero aprendí mientras sacaba piedras grandes para facilitar el arado de la tierra.

No me sentí tan mal por mi agotamiento, puesto que el resto de mis compañeros estaba igual o peor, esto me hizo reflexionar… ¿En realidad estamos preparados para vivir afuera de nuestro mundo lleno de comodidades?, conforme avanzaba la jornada obtuve una respuesta: El contexto nos obligaría a aprender, ya que el ser humano aún posee el instinto de supervivencia, ello sería difícil pero traería beneficios después. Más adelante a pesar de que los pies ya me temblaban, comenzaba a ver borroso y la espalda entera me dolía a punzadas, seguí ayudando en poner pasto encima de la tierra que ya había sido trabajada. Al finalizar todo, unos se dirigieron a echarse o sentarse encima de una plataforma que probablemente fuese de ladrillos, todos estaban agotados, pero lo habíamos logrado, inclusive más antes de lo que habíamos planificado con anterioridad. Ya en el bus, todos comían y finalmente caían dormidos, fruto de nuestro esfuerzo. Definitivamente fue un logro en el cual habíamos trabajado juntos y cada uno se sentía orgulloso de ello, recuerdo que llegué a casa y se lo conté a mi mamá, ella no se lo podía creer porque según ella no tenía la suficiente fuerza física para hacer eso (eran las 3:00 p.m. y aún no había almorzado), solo me quedó dormir hasta el día siguiente. Dormí con la imagen de los perros probando por primera vez su nuevo patio, y sentí que habíamos hecho un gran bien.

Si bien es cierto, estábamos organizando actividades en el colegio que involucren a estudiantes en situaciones de estrés, el proyecto “¡A Dormir!” nunca se llevó a cabo puesto que lo cancelaron (yo formaba parte de ello), por lo tanto esta bitácora solo se enfocó más en la salida. Era un proyecto que yo si quería que se llevase a cabo, inclusive había traído mi peluche para dormir también.

¿De qué manera una comunidad organizada y alineada a un mismo objetivo puede lograr sus metas?
Si una comunidad tiene los mismos intereses entre todos sus participantes, sería menos complicado llegar a la meta, puesto que ninguno se desviaría de esta debido a que lucha por un mismo objetivo. Como es el caso de nuestro grupo, todos querían que la actividad se lleve a cabo lo mejor posible porque habíamos empleado tiempo recolectando dinero para hacerlo, esfuerzo, etc. Debido a ello acabamos antes de tiempo.

¿Hasta qué punto el tiempo resulta ser determinante para el desarrollo de una actividad?
A pesar de que tuvimos menos tiempo por la llegada tarde al establecimiento, supimos cómo manejarlo dividiéndonos en grupo y realizando actividades en simultáneo. Por lo tanto el tiempo no sería determinante, puesto que depende de la organización de la comunidad y una prueba de ello es la experiencia vivida en la salida, ya que acabamos antes de lo planeado a pesar de que teníamos menos tiempo.

La unión hace la fuerza
Y respondiendo a esto me rectifico, cito a mi anterior bitácora “a nuestro salón le falta aún mucho por desarrollar, la unión es casi nula y si no hay nadie que esté dispuesto a dar órdenes probablemente nadie terminaría haciendo nada” admito que lo escribí en un arranque de cólera, mediante esta salida pude evidenciar que la unión si hace la fuerza y que me había equivocado al decir eso, ya que si el salón no estuviese unido, no hubiésemos acabado antes o no hubiésemos podido recolectar el dinero suficiente para sacar todos los proyectos adelante.


[Imagen 1: Sosteniendo la pala por primera vez.]

[Imagen 2: Ayudando a llevar un pedazo de pasto que pesaba demasiado.]

[Imagen 3: Escuchando el feedback.]

[Imagen 4: Ayudando a que los perros estrenen el patio.]
[Imagen 5: Después del pasto.]
[Imagen 5: Antes del pasto.]

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